Soy Licenciada en Administración, para costear mis estudios entré a trabajar en el gobierno de mi estado y ahí tuve mi primera experiencia con la docencia, ya me capacitaron para que apoyara en la capacitación de los trabajadores, resultó una experiencia bastante enriquecedora y adquirí algo de experiencia en el manejo de grupos, perdí el miedo a exponer un tema frente a un auditorio y aunque al principio solo copiaba a mis maestros y era mas expositivo poco a poco incorporé algunas estrategias.
Al egresar trabajé en una institución del sector público lo que era Semarnap ahora Semarnat, en el área de finanzas, posteriormente en compañía de mi esposo incursionamos en el sector privado al juntar nuestros ahorros y abrir un negocio. Al principio nos fue muy bien pero como todo tenía sus épocas buenas y sus épocas malas. Por ello cuando leí en el periódico que abrirían una sucursal de una agencia de venta de autos en Tizimín, acudí a las entrevistas y me contrataron. En esta compañía me fue muy bien, solamente que los horarios y la carga de trabajo es enorme, ya que no se cuenta con un sueldo seguro, me pagaban en base a comisiones y si no vendía pues simplemente no cobraba en esa quincena. Aun así en lo particular estaba muy contenta ya que cada mes tenía un objetivo que cumplir y para ello viajaba bastante pues me tocaba cubrir la parte oriente de mi estado. Cuando tuve a mi primera hija la situación se volvió un poco complicada, pues ya no podía dedicarle mucho tiempo a los viajes y por lo tanto la cantidad de autos que vendía fue disminuyendo. En esa época mi padre se estaba jubilando y en el plantel me propusieron que podría trabajar ahí, ya que habría una plaza para cubrir. Al principio no estaba muy segura de aceptarlo ya que me tendría que acostumbrar a cubrir un horario, preparar clases y tener una rutina, situación a la que no estaba acostumbrada. Se mi hizo un poco difícil adaptarme sobre todo porque combinaba ambos trabajos, vender autos y la docencia. Poco a poco descubrí que mi estrés de las ventas se disminuía en las clases con los alumnos, llegaba a la escuela con mejor humor, preparaba mis clases pensando en que mis alumnos la disfrutaran y renuncié a mi trabajo de vendedora de autos para dedicarme a la docencia.
Me siento muy contenta de impartir clases, las preparo poniéndome en el lugar del alumno y siempre respondo la pregunta ¿Cómo me gustaría que mi maestro me enseñara? Ahora hago una retrospectiva y recuerdo que cuando mi mamá me sugirió que estudiara para maestra le dije que no me gustaba dar clases, que no podría lidiar con niños mucho menos con adolescentes y ahora me siento muy a gusto dando clases.
No tengo ningún motivo para sentirme insatisfecha, el sistema me ha servido de mucho para mejorar mi práctica docente, pues me apoyaron con una beca para certificarme en la enseñanza del idioma ingles en Canadá y ahora me apoyan para realizar esta especialización. Tal ves lo que me da trabajo es cumplir con todo el papeleo que exige el sistema para verificar que los docentes estamos cumpliendo, pero es un mal necesario, al alumno también le exigimos las tareas para verificar su cumplimiento y los maestros debemos dar el ejemplo que también hacemos las tareas.
Esto ha sido mi historia de cómo la docencia me llega de casualidad y hoy en día me siento muy contenta de haber aceptado la propuesta de mi papá. Por supuesto que mi educación profesional me ayuda pues algunas de las materias que imparto son en base a mi perfil y la licenciatura en administración me ha dado la base pues es una carrera multidisciplinaria.
martes, 11 de mayo de 2010
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